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Chapter 2

Me despierto con un día esplendoroso. Desde la ventana del hotel, en una calle céntrica y transitada que muy bien podría ser de Valencia, se divisa un poco el mar y la omnipresente y desproporcionada Mezquita de Hassan II. Pido el desayuno en la habitación. Me lo tomo con calma. He quedado con Myriam para dar un paseo.

Nos encontramos en el hotel. Con paso ligero, recorremos grandes avenidas y zonas ajardinadas. Muchas banderas. Se festeja la circuncisión del tan esperado heredero. Todo grandioso, pero descuidado y como de hace veinte anos....Llegamos a la Gran Mezquita, enorme monumento megalómano, sustentado sobre pilares sobre el mar. No sabría decir si me gusta, pero sin duda es impresionante. Myriam resulta ser una jovencita despierta, inquieta y parlanchina, con ganas de que le cuente de su familia y del mundo....

Conversamos largamente de sus proyectos y me comento muchos detalles reveladores de como vive la juventud. Me dio a entender que sobreviven muchas tradiciones y prejuicios que no parece que vayan a desaparecer en una generación.

Nos esperan a comer. La abuela ha preparado un couscous de  bienvenida. Insisto en llevar algo pero no hay manera. Cogemos un petit taxi, otra flota de pequeños Peugeot rojos que solo operan en las zonas urbanas y que se comparten para llegar a la Medina. La familia vive en una casa tradicional en medio de la zona más vieja. Cuando llegamos a través del laberinto de tenderetes y comercios las vecinas nos saludan y me reciben en español. Subimos unas estrechas escaleras y Myriam me hace entrar al salón. Una pequeña habitación rectangular de paredes blancas y brillantes por la pintura al aceite y ventanucos en dos de las paredes. El suelo cubierto con una alfombra y un banco corrido con una pequeña mesa de centro. Nos descalzamos al entrar. Uno a uno van desfilando todos los miembros de la familia. La minúscula abuela, risueña y desdentada aun lleva la barbilla tatuada. Karim, guapo y muy tímido, tiene 16 años y es su hermano.

El abuelo, tuerto y bromista es el patriarca. La comida deliciosa y abundante. Solo Myriam habla con fluidez el castellano o el francés, pero todos nos hacemos entender. Después de varios tés nos despedimos. Dos, tres o cuatro besos sin obedecer a ninguna regla concreta. Insisten para acompañarme fuera de la Medina pero les convenzo para que me dejen solo. Quedamos para el Lunes.

Milagrosamente me oriento. La gente sonríe y te ofrece mercancías, pero no son pesados. A la salida un carrito que vende caracoles recién cocinados. He observado que hay gente que solo bebe el jugo de la cocción. Le pido una taza al hombre que los vende. Picante pero delicioso. No permite que pague nada.

Después de la siesta, un rato en una terraza antes de cenar. Renuncio al hammam. Efectivamente el lijado a fondo de ayer ha dejado heridas y rozaduras. Es Sábado y la ciudad esta animada.

Solo se ven hombres. Tomo una cerveza y decido volver al mismo restaurante de la noche anterior. De nuevo delicioso.